FORMANDO EDUCANDOS EN CRISTO A TRAVES DE UNA DISCIPLINA PROFUNDA E INTENCIONAL

Por el Rev. Dr. Juan G. Feliciano, Director Hispano del Centro para la Excelencia Congregacional y de la Oficina de NUevas Iglesias de la Conferencia ANual de la Florida.

FORMANDO EDUCANDOS EN CRISTO A TRAVÉS DE UNA DISCIPLINA PROFUNDA E INTENCIONAL
Presentación por Juan G. Feliciano

Imagínense el gozo de los padres cuando nace su hijo(a).  ¿Cuánto gozo tendrían los padres años después si su niño(a) continuara siendo un bebé sin crecer? Ninguno. 


Observadores (tan diversos como William Willimon, Reggie McNeal, George Barna y Dallas Willard) han comentado que por décadas las congregaciones occidentales no han hecho del discipulado una condición para la membresía de la iglesia.  Como resultado, hay muchos miembros de las iglesias que nunca han hecho un compromiso para seguir a Jesucristo y ser semejantes a ÉL.  Para ellos, todo depende en el aceptar el perdón de Dios en la cruz.  Pasan años y no son más semejantes a Cristo que cuando lo aceptaron como su Salvador, pero no su Señor. 


Aunque la Biblia ciertamente celebra el don del nuevo nacimiento por medio de la gracia justificadora, también enfatiza la necesidad de transformación a través de la gracia santificadora (la santificación).  La Gran Comisión en Mateo 28 es clara: Jesús dijo: “Vayan y hagan discípulos…y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.”    En otras palabras, ciertamente no podemos ser cristianos, discípulos de Jesucristo, separados de un compromiso de caminar obedientemente con Cristo.  Simultáneamente,  tenemos que permitirle al Espíritu Santo que re-moldee (transforme) nuestras vidas de adentro hacia afuera (“transformación por medio de la renovación”, Romanos 12:2).


Hemos confundido la membresía de la iglesia con el discipular.  Hemos ofrecido clases de nuevos miembros y entregado los directorios de miembros.  Hemos asumido que si las personas tan solo se involucraran en nuestros programas, ellos crecerán en Cristo.  Esto no ha funcionado. 


De acuerdo a los sociólogos (George Barna y George Gallup), no hay diferencias significativas en los valores y estilos de vida entre aquellos que van a la iglesia y aquellos que no van.  ¿Cuántos cristianos ven la TV y repiten sus ideas, argumentos, conflictos creados, valores y prejuicios, como el papagayo?  ¿Cuántos cristianos utilizan los mismos argumentos que ven, oyen, y aprenden en “las novelas” para interpretar la vida real?  ¿Cuáles son los valores que predominan en nuestra cultura que son, a su vez, repetidos, asumidos, recreados, por los hermanos cristianos, los miembros de la iglesia?  ¿Cómo usted explica que haya ministros que tengan “escuderos” (como en el tiempo de David) que le limpian el sudor, le guían el carro, lo sacan por la puerta de atrás para que nadie los toque?  ¿Cuántos guardaespaldas necesita un ministro de DIOS?  ¡Solo uno, el ESPÍRITU SANTO!


Los valores que CRISTO enseñó son principios universales que no cambian.  “El cielo y la tierra pasarán, mas Mi Palabra (Su Enseñanza) no pasará.” (Lucas 21:33)  Amados(as): ¡Estamos aquí, pero no somos de aquí!  No se trata de negar las cosas buenas, bonitas, agradables; las que nos causan orgullo, sentimientos de identidad nacional.  Pero, ¡OJO!, cuidado con los valores que son contrarios al Reino de DIOS. “No nos conformemos con los criterios y valores de este mundo, al contrario, cambiemos nuestra manera de pensar, de ser, de actuar, para que podamos conocer la Buena Voluntad de DIOS, Agradable y Perfecta.” 


Esa es la Meta del Discipulado Cristiano.  Jesús dijo: “bástale al discípulo ser COMO su maestro y al siervo como Su Señor.”  (Mateo 10:25a.) También dijo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas…”  (Mateo 11:29).


Muchas personas se allegan a nuestras congregaciones con poco o ningún conocimiento (o con conocimiento errado y fe tóxica que envenena el alma) de lo que significa ser un discípulo de Jesucristo.  Ellas necesitan un conocimiento básico acerca de la Escritura, de cómo vivir un estilo de vida cristiano y acerca de las disciplinas que sostendrán su vida espiritual.  Para eso existen los discípulos maduros, para relacionarse con los inmaduros y servirles de ejemplo, como Cristo lo hizo con sus discípulos.


El Espíritu Santo hace la obra de santificación más efectiva por medio de las relaciones interpersonales.  Al vivir la vida en comunidad, la fe se moldea durante los momentos de enseñanza, es decir, recibir a Cristo más que enseñarlo.  Las personas necesitan mentores, entrenadores y ser animados por otros que también estén en la búsqueda de seguir a Jesús. 
Todo esto no sucede enseguida; una profunda disciplina requiere intencionalidad, organización y compromiso de liderato.


Un sello constante de la tradición wesleyana ha sido la convicción de que la verdadera religión consiste no tan solo en las creencias correctas y en las acciones correctas, sino que tiene que ver con un corazón que ha sido purificado por un arrepentimiento genuino y por el verdadero amor a Dios y al nuestro prójimo. 


Los metodistas creían que Dios les levantó para promover santidad en cada esfera de la vida.  Para poder ayudar a las personas a crecer en santidad de vida, los Wesleys colocaron a personas en clases y sociedades donde recibían ánimo y se les hacía responsable mientras aprendían a caminar en Cristo.


¿Cuáles son las maneras que podemos funcionar hoy día para ayudar a las personas en nuestras congregaciones a ser seguidores de Cristo con madurez?  ¿Cuán  intencional somos en ayudar a las personas a crecer en el perdonar y servir a otros, en  vivir  una vida que honre a Dios, en caminar con Dios a través de los tiempos difíciles, en tener un balance en sus vidas en Dios?  ¿Están los líderes de nuestras congregaciones formulando estrategias para ayudar mejor a las personas a moverse de ser “cristianos culturales” y “casuales”, a ser seguidores de Jesucristo convencidos?


¿Qué nos resta por hacer?  Mucho.  El discipulado intencional requiere un cambio de “forma de hacer las cosas” (es decir, un cambio de “nuestra cultura”).  Las congregaciones no son clubes privados en donde se hace lo que el líder actual cree o dice.  La iglesia es el cuerpo y responde a la cabeza, Jesucristo.  Tenemos que abrazar la tarea de discipular de una manera intencional, profunda, radical.  No podemos asumir que ya lo hemos aprendido todo porque podemos citar unos textos escogidos de la Biblia.  Tenemos que asumir la tarea educadora de la iglesia: aprendiendo con Jesús nuestra nueva identidad.  Aunque vivimos en “el mundo”, no somos de “el mundo”, pertenecemos al Reino de Dios. 


Esta nueva identidad, “discípulos radicales de Jesucristo”, representa un reto para toda la comunidad de fe, la iglesia. Unos a otros nos ayudamos a crecer a la estatura de Jesucristo, nuestro Salvador y Señor.


“La hermandad cristiana (la Iglesia) no es meramente un ideal humano sino una realidad divina y por fundarse en Jesucristo, esa comunidad es una realidad pneumática (“del Espíritu”) más bien que una realidad psíquica y, como tal, absolutamente diferente de todas las demás comunidades.” (Dietrich Bonhoeffer, Vida En Comunidad, 1966).  Por tal razón,
• Tenemos que afirmar que el Reino de Dios que Jesucristo inició demanda un estilo de vida nuevo; una nueva ética que reordene la mentalidad y la conducta de las personas, una nueva identidad.
• Tenemos que reivindicar una ética cristiana que sirva de brújula en nuestras vidas.
• Fomentar la esperanza cristiana en un mundo sin "proyectos de esperanza“.

La iglesia de Jesucristo en sus comienzos era una comunidad de mujeres y hombres de fe que decidieron fundamentar sus vidas y sus decisiones en los mensajes y las enseñanzas expuestas y los valores articulados por Jesús de Nazaret.  Luego fueron a Grecia y aprendieron filosofía humana; luego fueron a Roma y se institucionalizaron.  Luego, fueron al resto de Europa y se fundieron con la cultura.  De esta manera, las fronteras fundamentales de los valores indispensables de la fe cristiana se confundieron con las prácticas diarias y los estilos de vida de los pueblos europeos, y la naturaleza profética de la fe cristiana fue escondiéndose en la cultura dominante. (¡OJO!  ¡Estamos aquí pero no somos de aquí! Pertenecemos a un reino de luz.)

Comments

1. Dr. Jorge Texidor wrote on 1/6/2012 9:43:08 AM
Gracias Juan por esta reflexión, ciertamente tenemos que reconocer que la cantidad de gente en una iglesia no es representativa de discipulos/as. Sigamos trabajando para que lo cuantitativo no sea la razón de ser, sino que lo sea la transformación del pueblo cuando vive el Reino. Paz y bien en el 2012. En Cristo solidario
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